Un año más moliendo café

Yo el año lo abro y lo cierro con café, con mucho café. Muchas cosas cambian a cada giro de calendario. Quizás pruebe la el gin-tonic de quinoa, o cambie de novio, de piso, de psicólogo y de identidad. Pero el café es el punto de referencia que me acompaña los más de trescientos días que vienen siempre otra vez.

Antes de despertar ya voy soñando al duermevela de una taza bien caliente. Como Léolo “la vuelta del campo de los sueños es brutal al entrar en el país de lo cotidiano”.

La alarma sigue sonando martilleante cada mañana, como dando un portazo a la imaginación, como un jarro de agua fría en los sentidos, que aún dormidos no sabemos dónde están, por dónde sueñan, a dónde irán.

¡Ay! Levantarme de buena gana es el empeño al que destino mis esfuerzos, mis estudios y teorías, mi sentido vital. Más que cambiar el sistema, más que acabar con el hetero-patriarcado o con la corrupción sistémica que ordena la vida, más que todo eso, mi misión en la vida es levantarme de un moderado buen humor.

Por eso el café me abre al mundo suavemente a través del olfato, poco a poco me despierta ese sentido tan sin forma, tan etéreo y misterioso, tan nasal.

Huele a café, sonríe el sentido como el perro de Paulov, cinco minutitos más, la última fantasía antes de aterrizar en el campo de los días que se escapan cada año entre las ramas de los dedos.

Como cada detalle de este mundo fragmentado, los granitos de café guardan retazos de historia; Memorias del Yemen y Etiopía, de azafrán y cardamomo, de la Arabia del desierto interminable, de Tegucigalpa y Martinica.

Los granos del tiempo nos cuentan historias guardadas tras un velo que es misión de cada día desvelar. Cada día ir desvelando lo que esconde la apariencia, cada año persiguiendo algo que no vaya a escapar.

El café, como las banderas, como el cuidado, como tú y como yo, está inserto en un sistema de relaciones mercantiles que nos jalean, de norte a sur y de sur a norte, por los cielos y las fronteras del capitalismo global. Cómo cabe tanta historia en una semilla tan pequeña. Cómo caben tantos años en cada año que se fue. Cómo tantos langostinos, tanto vino, tanta ansia, tanta fe.

Aquí se nos va un año, otro nos viene antecediendo a los siguientes, si dios quiere, que decía mi abuela, si esa fuerza misteriosa de mil nombres hace girar el calendario una vez más.

Hoy, que ya es anoche, 31 de diciembre, a una se le permite subir el volumen de la melancolía, el bebercio y los buenos deseos. Como una bacanal de vino y abrazos, de nuevos proyectos y viejos deseos, como una nueva vida siempre a punto de empezar cada fin de cada año.

El mío, el nuestro, el año que nos empieza mañana, mañana que empieza esta noche, esta noche que vengo albergando mil siglos, quiero que empiece oliendo a café.

Que el buen humor nos ayude a transitarnos, a desvestir la gravedad que nos empuja a ningún sitio. El buen humor y el buen café, o el normalito, o el no tan malo, o lo que haya, oiga, o lo que haya.

Un saludo y feliz año también a los que beben infusiones.

About Ana Tristán Pita

Ana Tristán Pita -30-10-1989- nace en Las Palmas de Gran Canaria y estudia Sociología en la Facultad de Granada. Tras vivir dos años en Alemania y hacer acopio de idiomas, cursos, másters y papeles varios, regresa a su ciudad natal donde colabora con una columna semanal con el periódico digital Canarias Ahora. En 2019 empieza a trabajar en La Provincia, siguiendo los pasos de su padre, hasta que una pandemia mundial interrumpe su andadura. En 2021 entra a formar parte del departamento de Web y Redes Sociales de Radio Televisión Canaria.

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